Pregunta: ¿Cuándo leyó por primera vez El muelle de Ouistreham de Florence Aubenas?
Juliette Binoche: Probablemente fue en 2010, cuando se publicó. Cédric Kahn me recomendó que lo leyera con la idea
de hacer una película. Por supuesto que me entusiasmó. Pero poco después Cédric me dijo que lo olvidara, Florence Aubenas no quería ceder los derechos de adaptación,
lo que ella misma me confirmó cuando se lo pregunté directamente. Para ella, era una historia del pasado y no quería que se retomara en el cine.
Cuando un proyecto me interesa mucho soy bastante testaruda. Así que volví a preguntárselo y Florence me dijo que solo aceptaría si Emmanuel Carrère escribía el
guion. Pero Emmanuel no estaba por entonces disponible porque estaba trabajando en su novela El Reino. Para convencerla, sugerí que Emmanuel no solo firmara la
adaptación sino que dirigiera la película. Al cabo de varias cenas con Emmanuel y Florence, finalmente estuvo de acuerdo. Me encontré con un productor que por
casualidad estaba también trabajando en una adaptación de la novela. El proyecto iba tomando forma pero yo no quería solo actuar en la película sino también
producirla, algo que, por diversos motivos, rechazaron. Viví este rechazo como una humillación injusta. Dicho esto, puesto que el tema principal de EN UN MUELLE DE
NORMANDÍA es la humillación de las mujeres, más tarde me sirvió mucho.
P.: Cuando una se llama Juliette Binoche, una actriz muy conocida y reconocida, ¿cómo se hace
para que la acepten mujeres que no son actrices profesionales y que interpretan su propio papel de limpiadoras?
J. B.: Mi padre estaba muriéndose. Llegué al rodaje rota y exhausta, lo que hizo que inmediatamente estuviera al nivel físico y mental
que debía tener en la película. Y las mujeres que actuaban conmigo no tardaron en notarlo. Siempre he tenido ganas de interpretar a una mujer de la limpieza,
básicamente de entrar en un universo diferente. Cuando mi abuela polaca llegó a Francia durante la Segunda Guerra Mundial, para sobrevivir tuvo que hacer trabajos
ocasionales de este tipo. Mi madre también limpiaba casas cuando era estudiante. Y yo también hice varios trabajos esporádicos mientras estudiaba. Así pues, en
cierto modo, es algo que ha formado parte de la historia familiar y que aún está muy presente en mí; se trata de tener recursos y apañárselas.
P.: ¿Se documentó sobre estas mujeres que trabajan en los transbordadores?
J. B.: Para preparar Los Amantes del Pont Neuf de
Leos Carax, pasé un tiempo de incógnito en la calle y en un albergue de noche en Nanterre que acogía a sin techo en situación precaria. Al final de una de esas
noches, volví en bus a París con un señor de origen indio que no sabía que yo era una actriz en misión de reconocimiento. Se sacó un billete de 500 francos del
bolsillo y me dijo: «si tú quieres, nos lo podemos gastar juntos». Me conmovió mucho pero esto no puso en duda mi deseo y mi derecho de encarnar a una chica
que vive en la calle. Lo mismo ocurre con mi papel en esta película. No hay ningún sentido de culpabilidad; el objetivo es comprender la vida de estas casi
esclavas domésticas y si es posible cambiar las conciencias sobre su condición miserable. Es exactamente lo que pasó con el libro de Florence, que afortunadamente
tuvo un gran éxito y que creo... espero... ha cambiado las condiciones de las mujeres de la limpieza. Y las ha hecho visibles.
¿Releyó el libro antes del rodaje?Sí, por supuesto, pero sobre todo el guion de Emmanuel Carrère y Hélène Devynck, que es una variación más que una adaptación
literal. El guion funcionaba por sí solo, como una nueva fruta que ha crecido en el árbol que había plantado Florence, con su hueso, carne y piel. La película lo
debe todo al libro y al mismo tiempo contiene su propia singularidad.
La mayoría de los papeles de la película no los interpretan actrices profesionales sino mujeres que recrean sus vidas de cada día... Pasé mucho tiempo hablando con
estas mujeres. Sobre todo con Hélène Lambert, que sin duda tiene el temperamento más díscolo del grupo. Hélène iba construyendo un escudo muy poderoso a su
alrededor antes de decidir si le gustaría interpretar ese papel, que de hecho no era un papel, y sobre todo antes de decidir si me aceptaría. Esto llevó su tiempo
y después, de golpe, entre dos estaría bien que estas personas que se sienten decepcionadas reflexionaran sobre la naturaleza de su decepción. Uno de los puntos
fuertes de la película es precisamente que no es lo que las personas podrían esperar que fuera: una representación visual exacta del libro, palabra por palabra. La
película no calca el imaginario del libro, sino que, al contrario, lo amplía y lo lleva por nuevos derroteros. Estoy francamente contenta y orgullosa de haber
ayudado a hacerlo posible.