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LAS VOCES DEL SILENCIO

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Histórico

 

LA INTERPRETACIÓN DE LOS PANES
JGS

(Madrid, 03-04-2009)
Manoel de Oliveira

El realismo y la sencillez son claves importantes para un buen documental. El de Manoel de Oliveira es un realismo objetivo, escapa de la narrativa verbal de los acontecimientos. Su belleza reside en la personificación de elementos cotidianos, los que nos resultan difícil considerarlos arte. Algo así como pararse a hacer una reflexión a cerca del argumento filosófico sobre la necesidad de respirar, amar, odiar, comer o defecar.

Documenta Madrid ha tenido uno de los documentales más veloces y concentrados en “O Pão”, del cineasta portugués Manoel de Oliveira. Su primera aparición en la gran pantalla fue en el cine mudo del italiano Rino Lupo. Tras experimentar en su faceta de director, obtuvo un papel relevante a las órdenes de Cottinelli Telmo en “A canção de Lisboa”, la primera película sonara rodada en Portugal. El amor hacia la investigación etnológica quedó patente en su primer corto, “Douro, faina fluvial”, 1931, dejando clara la influencia ejercida por el soviético Robert Flaherty.

El realismo de “O Pão” conlleva la descripción de lo cotidiano, de aquello que demandamos sin valorarlo. Todo es captado por el ojo la cámara, el director interpreta los hechos en una concatenación de escenas. Este documental, de 1964, retrata la esencia de una psicología económica basada en la tierra, describiendo el ruralismo y a los procesos industriales aplicados al mundo agrícola: el mimo frente a la productividad; el hombre o la máqina. “O Pão” es un tributo a nuestro alimento esencial, a los comportamientos que genera.

El pan de Oliveira es sustento, arado, primera necesidad, y, al mismo tiempo, subjetividad narrativa desde los primeros fotogramas, presentándolo como algo consagrado eclesiásticamente. El trigo se convierte en el cuerpo que fundamenta una fe, la materialización de una creencia. Lo metafísico se hace terrenal a través de la hostia consagrada, nos convertirnos en sus canívales fagocitando esta fe mediante la comunión. La Fe, lo etéreo, convertida en algo tangible: un fetiche con el que la Iglesia explica su doctrina. El director portugués recrea la eucaristía, escenificada en una boda: unión de la carne y unión del espíritu. La creación se alimenta del creador en forma de oblea.

Son caras anodinas, sumisas al destino de la tradición, ante la imposición sagrada del pan eclesiástico que inaugura una nueva vida. El pan es creencia. Es simbología de la unión marital, fecunda y eterna.
El documental de Oliveira es un regalo de la tierrra, un homenaje, una reflexión de la vida.

El pan representa uno de los vínculos más antiguos del hombre con la tierra; junto al aceite y al vino es posible que sea uno de los primeros alimentos procesados de nuestra dieta. La obra documenta el proceso comparativo en la elaboración del pan como objeto industrial y como elemento más artesano, de economía de subistencia.

El pan de Oliveira se encuentra sometido a un proceso constante de tranformación a través de imagen y sonido; entre lo mecanizado y lo manual. Muestra que máquina y hombre trasformamos la naturaleza de diferente manera. Las imágenes van transmitiendo calor y musicalidad en la molienda del grano, la criba, el pan recién horneado... Se cubren de frialdad mecánica, robótica, fabril, particular, sencilla, dibujando formas asépticas.
Es un diálogo de movimientos rítmicos entre grises y texturas.

El hombre respeta en silencio el olor del grano durante la siembra, las máquinas arramplan con su sonido repetitivo esa paciencia labriega. La masa de harina y agua se funde entre las manos del panadero y sus jadeos, conviertiéndose en sinfonía del trabajo. Su esfuerzo se transforma en levadura sedosa, algo que se contrapone con el monótono batir de la industria: una concentración de grumos construyendo un oleaje tormentoso, autodestructivo, donde el esmero artesano del hombre no tiene espacio.

O Pão” es una evocación a la figura, entrañable casi, del panadero: sirviente a domicilio; su piel caliente, a su olor pastelero. Las panaderías urbanas huelen a aglomeración de avispas, más dispersa. Oliveira no se olvida de mostrar la faceta decorativa de la hogaza, su lujo, formando parte del espectáculo gastronómico con panecillos de diferentes formas, texturas e ingredientes.

En el mundo conviven novecientos veintitrés millones de personas que pasan hambre y sufren desnutrición. ¿Los países ricos somos conscientes de la importancia que tiene al pan? Manoel de Oliveira ha creado un documento gráfico en el que las palabras sobran, lleno de imágenes trepidantes, contrapuestas, que impactan por su elegancia narrativa. El sol acaricia los trigales con la ayuda del viento, creando un manto marino de ondulada caricia. Al comprar pan, estamos comprando belleza, y recordamos a “O Pão”.

 


JGS

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