Si te atraen las películas de ciencia ficción, historias de otros mundos que bien podrían ocurrir en el nuestro, esto te va a gustar.
Los Pet Shop Boys aterrizaron en Madrid envueltos en la aureola de misterio y expectación que caracteriza a los grandes. |
|
|
Gritos electrónicos
¿y susurros?... |
|
|
“¡Por fin!” -exclamaron
muchos-.
“¡Panda de colgaos!” –fueron
los comentarios opuestos al dúo británico-.
Su llegada a Madrid fue algo extraña,
ya que la entrada al lugar del concierto no registraba grandes colas de
público (qué maravilla ver a la gente circular con orden y
sin apretujones). Pocos y tranquilos ¿?. |
|
|
"¿Será un telepredicador?" -se preguntaban muchos- |
|
Con faldas y a lo loco |
|
| |
Primera impresión:
del grupo.
Decepción ya dentro
del pabellón. Las gradas casi vacías, el foso igual.
Nada de histerias ni agolpamientos. ¿Alguien se lo puede creer?...
El escenario estaba arropado por un diseño vanguardista pensado
por la reputada arquitecta Zaha Hadid. Colores fríos y formas
recortadas. Estilo refinado.
Había gentes de todas las
edades: barrigudos cerveceros, alguna que otra niñita, nostálgicos
de los ´80 que han crecido al ritmo de “West End Girls” o “Sea Vida
É”. Pocos yuppies y mucho camaleón, androides con pelos
engominados. Todo plástico... pero vitalista. Comienza el show:
apagón de luces, Neil Tennant bajando por una rampa que le conduce
al centro del escenario. |
|
|
|
Estética estática.
|
|
|
Rey y señor del
ambiente no defraudó con la estética fría y programada
que muchos esperaban. Su figura eclipsó el resto del ambiente;
él y su música eran lo que importaba para los que allí
estaban disfrutando. Sus pasos se deslizaban por una rampa con aires de
semidios intergaláctico, sabedor de que era el dueño de
la situación, envuelto por la oscuridad del lugar y por un
sonido limpio. Demasiada perfección para un directo.
Chris Lowe siempre en segundo
plano, hierático y correcto. ¿Hombre o máquina?. |
|
| |
| Chris Lowe: el fantasma de la ópera. |
|
|
El repertorio fue de lo más surtido (desde clásicos de siempre como "Left To My Own Devices", "Can You Forgive Her?" hasta el actual "Discoteca").
-"¿Hay una discoteca por aquí?" -no faltaron las palabras en castellano-. Conforme iban sucediéndose las canciones, el pabellón se fue llenando hasta registrara cerca de tres cuartas partes de su capacidad. |
|
Arriba
y abajo. "Son de carne y hueso" |
|
| Casi veinte minutos de intermedio
inexplicable rompieron la magia que habían conseguido crear. El
personal fue recompensado con la versión acústica
de “Tell Me You Love Me When You´re Drunk” en un descanso de la
electrónica, arropado por su grupo de bailarines con traje de marinero
recordando las reuniones de los Village People. |
|
|
|
|
| "¡Me muero
de ganas por tocar un pelo de su ropa!" |
|
| |
| Siempre con
la misma voz mimosa falta de improvisación, para desplegar a continuación
la batería de sus éxitos anteriores: “It´s a sign”,
“Always On My Mind”, terminando con el obligado “Go West” arropado por
los chicos de su coreografía, permitiéndose hacer una versión
disco del clásico “I Will Survive” de Donna Summer. De nuevo el
espejismo de Village People apareció sobre el escenario del pabellón. |
| |
Boys, boys, boys |
|
"New York City Boys" |
|
| |
| Lo que
son las cosas: en el colofón del espectáculo, cuando el
lugar se había convertido en una macro discoteca, se notó
un salto en la letra de “Go West”. ¿Semi directo?. ¿De
ahí esa frialdad?... |
| |
¿Un punkie
del siglo XXI? |
|