Después de
la matanza de Columbine, muchas fueron las teorías lanzadas tratando
de explicar
semejante desastre; muchas y algunas muy peregrinas. Se llegó
a culpar al rock y más
concretamente a Marilyn Manson. En su película, Michael Moore,
con gran sentido común, da al cantante la oportunidad de explicarse
y aportar su versión de los hechos. No podemos convertir en mecha
a una forma de hacer música, o a un aspecto más o menos
sorprendente o agresivo respecto
a un asentado tradicionalismo.
No admitiendo las
banales explicaciones aportadas por los distintos sectores, Michael
Moore decide titular su documental con un nombre que ridiculiza todas
esas teorías: Bowling for Columbine.
Los protagonistas de la masacre habían estado momentos antes
en su clase de bolos; ¿deberíamos culpar entonces a este
juego como causante de la matanza? Lo absurdo de esta teoría
deja fuera
de toda credibilidad a los que señalan al rock o a la música
como influencia decisiva sobre la
juventud y sus respuestas agresivas.
No podíamos
esperar menos de alguien que ama y respeta la música como Michael
Moore.
Su defensa y razones dejan sin razón ni defensa a aquellos que
no aman, no respetan y no
entienden lo excelso de este arte.
La estrecha relación
entre Michael Moore y la música queda patente en la dirección
de los diversos videos musicales del grupo REM y The Rage Against the
Machine.