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CINE Y ESPECTÁCULOS
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EL MEJOR DE LOS PEORES
Película El gran Maurice


J. G.
(Madrid, España)

El gran Maurice
Ficha Técnica Video    
La frase triunfar en la vida tiene una lectura doble dependiendo de la boca que la verbalice. No hay forma menos empática de explicarla, a través de un hecho real, que este drama con toques de salsa cómica aliñada por Maurice Flitcroft. Su asomo es el resultado de un cocimiento amigable, de intenciones acarameladas que se acercan a la sensibilidad del público facilón. El hombre cuadragenario, con apariencia de jubilado, descubridor de su destino por casualidad, no atrapa. Algo le falta para conectar la butaca a una época descrita con aire rocambolesco y extravagante. El acercamiento a la clase trabajadora sirve como apoyo documental de una época reciente en la historia británica moderna. A pesar de que su rostro y actitudes desprenden ternura, el sentimiento amable se queda a medio camino entre la dulzura y la acidez que rodea parte de una existencia dedicada a alcanzar un sueño. La dirección de Craig Roberts, sin emocionar, deja que una dulzura torpe se apodere de las secuencias sin ofrecer nada revelador, en clave danzarina, sin profundidad. Las dosis de moralina no escapan al del empleado de astilleros convertido en leyenda golfista gracias a su tenacidad. El camino para alcanzar el triunfo se sale de la norma, llegando a abrir sendas nuevas hacia el reconocimiento de los méritos humanos.
 
Maurice Flitcroft (Mark Rylance) posa junto a su familia en la película 'El gran Maurice'  
Maurice disfrazado como una de sus múltiples personalidades inventadas
Maurice no es una leyenda deportiva en lo que la regla establecida consideraba correcto. ¿Qué significa ser mejor y qué ser peor? ¿Y ser diferente? Quizás en la contestación a estas preguntas radique el éxito de cualquier experiencia, y aquí queda patente. Los logros que sus peculiaridades alcanzan no necesitan más ayuda que la perseverancia para materializarse. Su naturalidad, alejada del ridículo, invierte la balanza en la cuantificación del éxito y la fama. Ser el peor también puede significar que eres el mejor en algo. Él es un estímulo para el rendimiento calificado como pésimo. Los hechos deben ser reinterpretados. Los fracasados pueden convertirse en elementos únicos ante una hazaña infravalorada no sólo en el deporte. El gran Maurice, visto así, se alza con todos los trofeos como recordatorio entrañable si se rasca la piel suave del largometraje cariñoso. Maurice es decisión e inseguridad. El arranque de su hazaña descoloca cuando la casualidad se cruza en el camino de manera tontorrona. A partir de entonces, la decisión es fruto de una casualidad inocente más que el producto de un análisis meditado. El humor británico regala alguna lindeza sin que la risa reconfortante masajee el rostro. El guion de Simon Farnaby, apoyado en el libro The phantom of the Open coescrito con Scott Murray, se atasca en tonalidades incoloras para pintar una historia superficial que reproduce una biografía nada convencional.
El aspecto social se toca con Maurice en su trabajo  
Maurice junto a su esposa, Jean Flitcroft  (Sally Hawkins), su familia y el periodista quer descubrió su historia

La ambientación respira atmósferas transversales: desde el elitismo que exhibe un deporte minoritario como el golf hasta la problemática laboral de una comunidad trabajadora con sabor a Ken Loach. Severiano Ballesteros aparece de manera fugaz en forma de sujeto ficcionado, y auténtico gracias a las imágenes de archivo. Innecesaria. El actor Mark Rylance defiende la presencia de alguien que flota como sabe entre el deportista hecho a sí mismo y el timador que llego a ser admirado mundialmente. ¿Audaz? Roza lo divertido gracias a particularidades que marcan una interpretación plana, sustentada en la gestualidad sobresaliente. Es un individuo que da una oportunidad a la vida anteponiendo una meta personal a la popularidad que la sociedad mira tanto. Su frescura destapa la aparición de otros Maurice que permanecían escondidos en el annimato del miedo al bochorno. Fue el detonante para que el fracaso se llamara éxito. La personalidad introvertida e infantil mantiene su presencia con cara inocente y empeño en el intento. Figuras más interesantes ocupan un espacio merecido como un hijo metido con calzador para rellenar el momento que marca un inicio sensiblero, los vástagos naturales enamorados del pop setentero y una batuta materna en la sombra, protagonizada por Sally Hawkins, impulsora de la gesta paterna. Su presencia reconforta superando adversidades. Es mágica. También existen guiños a la igualdad de sexos en la integración deportiva. Lo mejor es una banda sonora acondicionada perfectamente en las secuencias musicadas mientras refleja el despertar de otro sueño: el baile. Los soñadores son jóvenes y cuentan con una vida por delante donde las decepciones no se encajan con la pausa de la madurez. Gloria Gaynor, Leo Sayer, Abba o Christopher Cross conforman un listado musical rico en ritmo. El gran Maurice está marcado por las caricias de un personaje con ademanes graciosos, lenguaje suave y aire chaplinesco.

J. G.


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