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SONIDO ESTELAR
(Cruelty Without Beauty + The Sound of Arrows
Presentación del disco "Voyage"
Sala Moby Dick. 08 de marzo de 2012)

J. G.
(Madrid, España)

Stefan Storm, The Sound of Arrows

El tecno que se hace en Suecia tiene mucho de caliente. Exquisito, sencillo, rápido y, lo más atractivo, pegadizo. La sala Moby Dick cumple veinte años; fiel a su sabor indie, con esta celebración ha abierto las puertas al synch-tecno de un grupo que no deja de explorar en el pasado (años 80) y el futuro de sus sonidos. The Sound of Arrows llenaron y contentaron. Se agradece la presencia de un telonero disparatado y lanzado como Cruelty Without Beauty. Cuando nos referimos a un grupo, la mayoría de las veces se destaca la labor del vocalista sobre el resto de los miembros. En CWB no sucede lo mismo. La voz de Noah Waldorf forma un todo, entre lo salvaje y divertido, junto al frenetismo de Iván Donoso, A.K.A. Lagartija Iván (en la guitarra eléctrica y coros) y Juan Hernando con los sintetizadores y coros. Se preocupan por un tecno compacto y persistente. Cantan en inglés, son partidarios de hacernos mover el esqueleto; odian ver un solo cuerpo parado mientras “Inside your dreams” excita la piel de quien los ve actuar.
“Exhausted Love” suena límpido: tecno puro, tirando a ochentero. ¡Sabrosón! Cómo no soñar con los videojuegos matamarcianos de la misma época en "Secret Spy". Cruel Without Beauty no sólo hay que referenciarlo como el cuarto álbum grabado en estudio por Soft Cell o un tema de Arch Enemy (LP “Khaos Legions”, 2011); también es el nombre de un grupo con madera y materia gris capaz de parar un tren.

Apenas la gente se había secado el sudor que CWB les hizo expulsar, The Sound of Arrows iniciaron su vuelo. El viaje interestelar garantizado por la presencia del dúo sueco comenzó la cuenta atrás. El partido lo tenían ganado antes de aparecer. El público, deseoso de tecno-movimiento, se introdujo en un mundo cósmico gracias a los compases de “Hurting All the Way”. La tranquilidad de los acordes fue solidificando su presencia. El tono instrumental se movió como una estrella entre la oscuridad de la sala. Oskar Gullstrand y Stefan Storm ganan en directo, la insinuación trance de su música desaparece cuando cantan bajo este marco. Canción tras canción, evolucionaron hacia un live-set amparado en tecno progresivo. Desprenden un homenaje a los 80, evocan al tecno y pernoctan en los años 90 del siglo pasado. No por ello su sonido deja de ser suyo, moviéndose con libertad entre rasgos hip-hop y posados abiertos; interesante disfrutar de esa gestualidad, envuelta por sonidos computerizados: paisajes electrónicos. The Sound of Arrows recrean, en sus conciertos, la articulación de los Pet Shop Boys u OMD.

El vídeo se acopló a la melodía en “Conquest”. A partir de entonces, se hicieron más orgánicos, menos hiphoperos. El sonido tecno adquirió mayor entidad electrónica. El auditorio, en gran parte, estaba configurado por reinas locas que no dejaban de saltar sobre su sombra. “Dissapear” alentó esta iniciativa, pegadiza y de estribillo contagioso; “Longest Ever Dream” fue avanzando gracias a un impulso imparable. La emotividad y algarabía se apoderó de la sala con “There still hope”, una explosión de furia colorista. El instrumental “Lost City” nos devolvió al aire galáctico del comienzo. Como plato final, regalaron un bis de película con el cover “Show me heaven”, perteneciente a la película “Días de Trueno”, y otro trallazo: “Nova”. The Sound of Arrows hizo despegar a un público que buscaba la entrada hacia una atmósfera placentera.

 

 

J. G.

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