Hay municipios que, a pesar de la
España despoblada, no se encuentran tan abandonados como hace veinte años en cuanto a la atención de servicios sociales. Por aquel entonces, enviar a un maestro a cubrir una suplencia, alejado del ruido metropolitano, era un destino al fracaso. Ahora, casi se agradece. Si, además, la misión era cubrir una vacante de profesor de música, el tejado su derrumbaba con facilidad. A Andrés no le ocurre lo mismo cuando llega a
Orduña. El lugar, rodeado de naturaleza boscosa y naturalidad humana, cuenta con medios para desarrollar una vida tranquila cumpliendo su labor docente. Esta es una de las patas sobre las que se sostiene lo nuevo de
Ibon Cormenzana. Es la justificación para desarrollar una historia que no rechaza la empatía e implica mucho más que la labor docente. Su propuesta nueva es la coartada para relatar una experiencia donde la química entre los lugareños y el forastero se rellena con anécdotas, amistades nuevas y superación hasta integrarse como uno más de la familia. Las imágenes refugiadas en la tranquilidad de la naturaleza vasca expresan vida a través de figuras ágiles (excepto el recién llegado), vivencias, la enfermedad novedosa y su aceptación, la enfermedad asimilada y su convivencia, el enfado, la desilusión, la lucha… y la música. El autobús servirá de nexo entre la vida y la muerte. El hombre tranquilo que aparece para ocupar una plaza libre esconde más que lo que inicialmente se cuenta. No falta la chica, convertida en chófer, como hilo en el desarrollo de su vida afectiva, el conocimiento de otras personas a las que se verá vinculado porque la enfermedad aparecida súbitamente así lo obliga. El hombre que hace lo posible por sentirse como uno más de la comunidad en la que ha ingresado, en el fondo, es miedoso. El secreto que celosamente guarda es su pasado musical unido a un pánico escénico que no ha superado. Se encuentra con alumnos que sueñan con tocar en la
Semana Grande de Donosti. Ayuda a que otros sean bien recibidos por un dueto musical que no deja de soñar. El hecho de que uno de sus alumnos posea una banda le incita a no abandonar su ilusión musical sin que lo demuestre con ardor.