|
| |
|
| |
|
|
|
|
|
|
|
|
EL MONSTRUO ES EL CREADOR, NO LA CREACIÓN
Película Guardianes de la noche: Frankenstein
J. G.
(Madrid,
España)
|
|
|
|
Ficha Técnica
| Vídeo |
|
|
|
|
La fijación confesada por Guillermo del Toro sobre el personaje al que Mary Shelley dio vida no es un secreto, y su necesidad de llevar dicha figura a la gran pantalla puede calificarse de obsesión. Positiva porque quiere enseñar su visión humana del engendro, juntando las ideas de venganza y perdón sin separarlas del reto. Transformar la cosa en latido, el cadáver en inmortalidad a través de respuestas anatómicas y la vida en una agonía perpetua que no congenia con la intención de eternidad. Las imágenes potencian un lastre en forma de castigo a través del mortal que ve fracasar su sueño transgresor. Lo visual pesa sobre lo argumental. Cualquier referente nostálgico desaparece para estampar la firma Del Toro sobre una figura universal. El director mejicano no alcanza la profundidad de Shelley en su remake particular. ¿Impacta mucho? ... Dice poco. Entre la intención inicial y lo que va ocurriendo surge el abismo de una creatividad particular que no persuade, tampoco sumerge en mundos atractivos por su singularidad. La criatura de Frankenstein se convierte en el fantasma que capitaliza la narración, unas veces con más protagonismo que otras, sin que llegue a asustar ni compadecer. Es la presencia que toca contar parida por la calentura neuronal de un médico que cree haber dado con el secreto que ha vencido a la muerte. Son más interesantes los cuervos que revolotean alrededor de Oscar Isaac observando y midiendo el potencial de su proyecto para adecuarlo a intereses que pasarán la factura con el tiempo. Se rinde ante un cheque en blanco que manipula la necesidad constructora hasta convertirla en trampa. El nombre Víctor resuena en el presente y el pasado, envuelto en la dureza represora de la severidad paterna, primero. Más adelante, el hijo se convierte en padre y lo que antes había sufrido, ahora lo vuelca contra su vástago recompuesto con un organismo desmembrado en los campos de batalla. Toca su reconstrucción.
|
|
 |
|
|
El inicio original propuesto exige una continuidad no correspondida. La trama explica a su manera la historia conocida, henchida de efectos especiales y escasa en imaginación que deje boquiabierto a cualquiera. Esta carrera por desafiar a la ciencia y la religión se encuentra con quienes, carentes de prejuicios, se forran gracias al negocio de la guerra, se busca mano de obra entre condenados a la horca con buena dentadura. La división en dos mitades del clásico contado mil veces (la mil una no es nada relevante) tampoco ayuda a que lo horripilante empatice como pretende. Se cruza un amor no correspondido y la mala fortuna sella sus encuentros. La miseria humana crece mientras la humanidad del monstruo, aprendida de forma autodidacta, se supera. Frankenstein de Guillermo del Toro lo retrata como la huida y persecución del creador, el reconocimiento de lo repulsivo. No falta el protagonismo del ser deforme buscando venganza entre simbología de la muerte, convertida en diosa reclamando su espacio en este drama. |
 |
|
|
El poder de la imagen reside en su contenido cinematográfico avalado por el recuerdo a El Orfanato o La Bella y la Bestia, léase Elizabeth y Frankenstein. La armonía se mantiene gracias a una banda sonora firmada por Alexandre Desplat: suma enteros que mantienen uniformidad entre tragedia y dulzura. Este largometraje deja frío a quien busque emociones fuertes o base en el romance el peso de una obra literaria conocida. Cuenta cosas sin acongojar, sin que una lágrima o sonrisa modifiquen los rostros espectadores. Igual que has entrado, sales del cine aunque con un poco de cansancio en una espalda llena de injertos frankenstenianos, sin la personalidad de Cronenberg, debido a sus 149 minutos de duración: una apología al exceso innecesario. Frankenstein es una película para exhibir en grandes superficies comerciales donde ver el cine se junta con la afición a comprar palomitas. El tirón inicial sólo puede estar sujeto al hecho social de no perderse la última de Guillermo del Toro, cuya destreza carece de voltaje. |
|
|
La
revista Photomusik no se hace responsable
de las opiniones de sus colaboradores
expuestas en esta sección.
Texto: www.photomusik.com
©
|
|
|
|
|
|
| | |