Si el esqueleto de este largometraje invita a reflexionar sobre su desmembramiento, el ropaje (diálogos, dramaturgia) no llama a sentir su tacto. Una vez planteado el conflicto se tiende a su resolución sin que el alumnado sufra. Su arrogancia se convierte en exigencia por conocer una verdad que este investiga con herramientas de
tecnología social y celo periodístico. Dichas averiguaciones sirven para atacar a la educadora cuestionando su discurso. El dilema con protagonismo adolescente se enfrenta a la trinchera del razonamiento adulto. La anécdota se convierte en radiografía del entorno pedagógico donde privacidad, responsabilidad académica o estigmatización se miran con lupa. Las políticas de
tolerancia cero se tambalean entre la necesidad de encontrar al culpable y la cautela que no quiere ser considerada racista o intransigente. Se cuestiona hasta qué punto la justicia debe someterse a la matemática de una investigación que no se inicia. Se debate sobre moralidad pero no se ponen los medios para dilucidar un enigma de denuncia fácil y peligrosa. El hurto inicial necesita una cabeza de turco que, aquí, desencadena una revancha personal.