En 1942 el mundo se encontraba en guerra,
Hitler amenazaba la estabilidad de Europa por tierra, mar y aire. La fuerza aliada lanzó convoyes hacia los puertos de
Murmansk y
Arcángel (Arkhangelsk), según el
Plan de Préstamo y Arriendo, en una carrera hacia el desastre. La intención era ayudar a Rusia ante el avance nazi. El nombre en clave
Convoy PQ 17 cumple su misión de incógnito ya que en ningún momento se escucha. Henrik Martin Dahlsbakken escenifica un episodio desconocido del frente naval en esta época beligerante. El Ártico se convierte en una autopista hacia la muerte. La ayuda y la supervivencia se cruzan a merced de quienes disparan para atacar o defenderse. La idea que tiene todo a su favor para convertirse en un videojuego con formato cinematográfico se aparta de lo previsible para hacer de la contienda un conflicto humano. El director del drama
Munch se centra en la manera de alcanzar un objetivo en vez de sus intenciones finalistas. La aventura marcada por el riesgo advierte del peligro desde el principio. La recompensa aparece como ente abstracto que colabora en la oposición al
avance de Berlín sobre Europa.
Churchill, testigo del aumento de las pérdidas frente a las necesidades soviéticas de suministros, llamó a estas iniciativas
El peor viaje del mundo. La angustia de la tripulación cuestiona esta acción aliada. El cineasta noruego no se centra en la descripción militar del cargamento. Su hermano pequeño realza la ansiedad entre luces de batiscafo y paisajes neblinosos. El comienzo de una travesía en solitario se trasforma en un nerviosismo que hace del camuflaje una herramienta defensiva eficaz. No es una operación secreta que esconde la importancia de su cometido. La narración discurre atrapada con olor a sal marina, a merced de la climatología. El marinaje de este barco solitario está más pendiente de los submarinos alemanes de la
Kriegsmarine, y el acoso de la
Luftwaffe, que de la importancia de su flete.