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EL NACIMIENTO DE UN ESCRITOR TORRENCIAL
Película Martin Eden
J. G.
(Madrid,
España)
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Ficha Técnica |
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El protagonismo novelesco del marinero siempre ha querido conocer mundo y Jack London lo mostró con puntadas autobiográficas en su novela Martin Eden. Al director Pietro Marcello no le importa que Nápoles borre a California como escenario de un ascenso y caída impredecibles. La casualidad hace que el navegante sin patria se acerque al círculo burgués con sus pros y contras. La figura femenina enciende el amor mientras el varón con aires revolucionarios conoce una cultura refinada. Le introduce en un espacio inexplorado que devora con intenciones estudiosas. La literatura es el alimento de un espíritu que ansía ser escritor. El viaje a la fama se nutre de los inconvenientes para alcanzar una meta sin renunciar a lo político ni a lo poético. El camino escogido aleja a Martin Eden de la rudeza inicial mientras curte sus inquietudes librescas con prisa acelerada. Le falta la serenidad que concede ir a favor del tiempo, lucha contra reloj en un mundo conducido por la motivación egoísta, el amor, que quiere saborear en su festín particular. Ese crecimiento le acerca a la política y los movimientos sociales, la opresión de clase sin intento de liderazgo. La pobreza analfabeta abre puertas a un hombre que disfrutaba con la riqueza iletrada de las tabernas y el calor envolvente del alcohol.
La metamorfosis del individuo invisible evoluciona hasta la insolencia que la popularidad individualista proporciona. El control de su vida se vende a la pérdida de libertad hasta alcanzar lo insoportable con acento erudito y pedante. La huida desesperada del conformismo corta las alas agitadoras.
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El empeño de la educación autodidacta que Martin Eden quiere cultivar en el campo menos abonado de su vida, el intelectual, caracteriza la vitalidad de un sujeto tranquilo. El amor le estimula a sembrar una parcela yerma por su carácter curtido en el aprendizaje callejero entre batacazos. El nervio pacífico acelera cualidades que difícilmente se adquieren de la noche a la mañana. Quizás sea este el aspecto más endeble de una película con tripas y corazón; emoción y voracidad de magnitud creciente. La seguridad sentimental masculina construye una relación seducida por el romanticismo unidireccional con que el protagonista pone en duda la fortaleza del compromiso. Elena es la musa evanescente que despierta al poeta y al monstruo. Martin Eden alcanza el hervor de un cuento de hadas rosa.
La necesidad expresiva a través de la palabra esculpe la rudeza de una vivencia perseverante. La ilusión impulsa la intención. El literato apátrida se mezcla con la ironía burguesa, incómoda para quien no la ha mamado. Lejos de venderse al bienestar que acepta lo establecido, Martin Eden se enfrenta a un poder social sedentario, rodeado de camaleones que iluminan su potencial discursivo.
El papel de la cultura de masas o la lucha de clases no es tormenta que irrumpe sin avisar en una atmósfera exclusiva sino la fuerza que impulsa a luchar contra lo imposible. De la marginalidad al éxito sólo hay un paso: el reconocimiento. El largometraje destruye al individuo en un suicidio consciente, hace reflexionar sobre lo que se entiende por éxito en la vida personal y profesional. |
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La ficción se siente apoyada por imágenes de archivo, rodadas en 16 mm, con valor testimonial en una película redonda y sencilla. La música suave con toques de Johann Sebastian Bach y Joe Dassin no opaca una fotografía que muestra dureza sin agresividad sangrienta en una sociedad a las puertas de la Segunda Guerra Mundial. La celebridad conduce a actitudes destructivas que no consiguen dominarse. El realizador de la fantasía mística Bella y perdida, plantea, con el permiso de Jack London, una adaptación de su obra literaria en un universo moderno donde soñar sin humildad conduce a la ceguera absoluta. |
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