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UN DESCUBRIMIENTO SEXUAL LLEVADO EN SILENCIO
Película Mamacruz
J. G.
(Madrid,
España)
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Ficha Técnica |
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La sexualidad es una flor que hay que regar constantemente que, bien llevada, entiende poco de edades. Su motor se encuentra en la mente de cada persona. Shere Hite, conocida por su Estudio de la sexualidad femenina, revolucionó este campo dando voz a las mujeres al preguntarlas abiertamente qué opinan del sexo. Conforme los años pasan, se archiva en el cajón de la inapetencia. La abuela Cruz lo comprueba en calidad de abuela, alguien que ha perdido el hormiguillo del orgasmo hace tiempo. La casualidad, unida a un marido callado y distante, aceleran su aparición. Un fantasma que consume los días entre el protagonismo de un rastro mudo y céreo. La proximidad conviviente certifica la muerte del impulso erótico en una rutina remitida a las tareas domésticas. El tono amargo planea sin complejos y acomplejado en una feminidad que hace tiempo dejó de ser objeto de deseo. La relación matrimonial se convierte en vínculo de cumplimiento formal, sin complicidad. Kiti Mánver acepta la entrega piadosa al papel de Mamacruz hasta que internet se cruza en su camino y, por casualidad, conoce un mundo prohibido que no resulta tan obsceno. Experimenta la transformación de una devota religiosa para quien palabras como orgasmo o placer son pecado. La curiosidad activa las neuronas muertas de su capacidad para sentir placer a través de la estimulación corporal. La pornografía es el detonante de una carencia afectiva, motor de un largometraje que muchos pueden descalificar fácilmente. |
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La tarea descubridora no evoluciona por sí misma. Mamacruz descubre a través del grupo un mundo que las estructuras morales se lo habían presentado como pecaminoso. Sus reuniones recuerdan a señoritas Avon intercambiando secretos placenteros o encuentros de tupper sex, buscados por la necesidad de alimentar su apetito sexual en secreto. La trama discurre por los caminos encontrados en una selva de virginidad obligada y agitación dormida. Lo inmoral, léase pensamiento impuro, se convierte en oasis de nuevas sensaciones. El acercamiento carnal entre lo terrenal y divino en forma de icono cristiano tiene su protagonismo fugaz. Mamacruz no es Madonna en el vídeo de Like a Prayer sino la señora convertida en madre de familia, con una hija a kilómetros de distancia. El estudio de los personajes principales mezcla proximidad y distanciamiento a través de silencios rotundos, diálogos inacabados, videollamadas llenas de tensión familiar, miradas que no ocultan la culpabilidad, la incapacidad del marido por romper el hielo de la incomunicación. Nos quedamos sin saber qué hay detrás del vacío que mantiene. El largometraje Mamacruz explora un mundo olvidado como reprimido. El tema sexual se aborda sin caer en el humor fácil, la curiosidad no se deja seducir por el chismorreo recurrente. Patricia Ortega lo resuelve con discreción y guiños al despertar de una generación de mujeres que no ha decidido sobre su cuerpo. |
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Mamacruz ha vivido en la sumisión emocional del matrimonio. Los carretes de coser junto al ruido de la Singer dibujan a una mujer que, rompiendo moldes a escondidas, arregla prendas íntimas femeninas cuyo tacto excita. El encuentro entre el florecimiento del apagón erótico y el despertar sexual adolescente busca una complicidad maternal. El choque entre religiosidad y descubrimiento erógeno vigoriza una vida monótona, anclada en la vejez casera. La fotografía urbana y doméstica enmarcada en los cánones estrictos de la religión traza las líneas de la imagen intimista con planos tranquilos. Su cercanía aproxima el alma a la carne, el pasado a la novedad. Mamacruz es humana con toques humorísticos al abordar un tema serio sin dramatismo. |
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