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GHOSTS DEL MÁS ALLÁ
Película Después de la muerte
J. G.
(Madrid,
España)
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Ficha Técnica |
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Cuando se menciona a Angel Studios lo tendencioso merodea con más descaro que sospecha. Primero, Sound of Freedom dejó un poso de amargor y sensiblería. Luego, Una mujer italiana (Cabrini) mezcló el argumento sólido con el peso de una fotografía trabajada y proselitismo con raíces históricas. El hombre, tan ignorante como siempre se empeña en esclarecer o etiquetar lo que hay más allá de la muerte cuando somos incapaces de apreciar lo que tenemos en frente. El equipo formado por la dirección primigenia de Stephen Gray y Chris Radtke elabora una repetición de ideas manidas que unos alaban y otros observan con mirada distante. El armazón que sostiene Después de la muerte está envuelto de una religiosidad que busca en el cientifismo asentar un principio de veracidad poco constructiva. El comienzo, entre saga familiar de Aeropuerto y relato de un cuento para no dormir, hace de los testimonios reales una pantomima dramatizada donde la fe es lo único que importa a la hora de juzgar su evidencia. El accidente, presentado como constante pluralizada, termina en resurrección. Como era de esperar, este recorrido por un camino lleno de planos subjetivos, panorámicas damnificadas y cenitales celestiales termina en el final de un túnel que se presupone edénico. Quienes se quedan en tierra aguardan la venida del muerto en coma envueltos en un dolor más visual que sentido. Los escogidos que han disfrutado del paraíso entre la vida y la muerte reviven la aventura con fervor religioso, ya reanimados, como si una luz hubiera limpiado sus corazones agnósticos.
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La presencia tan repetitiva de la palabra cielo para referirse al más allá es sospechosa de manipulación devota. Las conclusiones investigadas se pliegan a lo inexplicable sin rigor racional. Las revelaciones terminan siendo acunadas por la certidumbre en una deidad personificada y escrita con mayúsculas. Cuando la palabra DIOS adquiere significado por su grafía se está discriminando al resto de concepciones divinas. Este paseo entre la vida y la muerte se interpreta como una experiencia mística monoteísta. Ni los judíos, hinduistas, taoístas, sintoístas o neopaganistas han sido tocados por el dedo espiritual. Un budista se deja caer como decoración étnica sin abrir las puertas de ningún templo politeísta.
La conversión de quienes regresan a la vida renovados y limpios alcanza el éxtasis moral. Sus palabras son una fuente de emotividad luminosa, limpia en la dicción bien entrenada. Este retorno exige un predicamento ante quienes les consideran chalados, fanáticos o confusos. La variedad de experiencias muestra el lado opuesto del suceso extrasensorial, donde lo oscuro adquiere su protagonismo. |
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Las vivencias siniestras pueblan el otro lado del reino donde el infierno reclama un espacio. El bien y el mal entablan una batalla en el ser humano como víctima y azotador. Lo auténtico es la castración de su privacidad. El hombre está sometido al mapa de los acontecimientos que se debate entre la catástrofe para unos y el acceso al nirvana para otros. La lección a aprender se encuentra en el término medio donde ninguno de los dos extremos debería creerse a pie juntillas. Las experiencias extracorpóreas referidas son un placer exclusivista con franquicia creyente. He aquí un viaje cósmico con hilo musical agradable y un buen montaje fotográfico, sobre todo en los efectos de posproducción. Gracias a ello, la credibilidad queda entre quienes han experimentado el trance detallado. Después de la muerte barre para casa en vez de atraer el cuestionamiento del escéptico. Sin que Enrique iglesias piense que se le plagia el título de su canción, este documental es una experiencia religiosa tan floja como disuasoria. |
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