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CINE Y ESPECTÁCULOS
CARTELERA CULTURAL
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ENTRE LA EUFORIA Y LA DEPRESIÓN
Película Manolo Kabezabolo (Si todavía te kedan dientes
es ke no estuviste ahí)



J. G.
(Madrid, España)

Manolo Kabezabolo (Si todavía te kedan dientes es ke no estuviste ahí)
Ficha Técnica Video    

A los catorce años, Manuel Méndez Lozano consiguió su primera guitarra eléctrica por dos mil pesetas. Siguiendo un camino autodidacta, esta promesa del punk español se apuntó a una academia para aprender a tocar el instrumento. Como lo que allí se enseñaba era muy clásico, Manuel lo abandonó pronto. El distanciamiento de lo establecido comenzaba a sobresalir en el espíritu de un chico que ha hecho lo que le ha dado la gana. Alguien que, como canta el estribillo de su canción Otro pirulo, ‹‹a mi me llaman estraño porke me tomo vakaziones kasi todos los días del año››. José Alberto Andrés Lacasta riega su trabajo con la salsa iconoclasta del personaje interesado en vivir el presente. Su presencia contestataria no se come la pantalla ni en el contexto social ni musical. Manolo se abrió camino sin empujones cuando la juventud necesitaba referentes rompedores en una nación cinérea. La semblanza extraída destapa la procedencia de alguien que emparejó el corazón con la percha de su vitalidad, tatuados de anarquía. La renuncia a los privilegios de un padre militar, con conexiones franquistas, le permitió hacer lo que ha querido. Hoy se le conocería como antisistema. La educación conservadora proveniente del entorno familiar no obstaculizó sus intenciones, tampoco le importaba. La influencia paterna logró que el servicio militar lo pasara en la banda del cuartel hasta graduarse como cabo. El ejército le otorgó una pensión vitalicia que el artista renegó. Era un rebele creciendo dentro de una prisión con música de pentagrama. Los brotes depresivos comenzaron a marcar su vida haciendo la mili, momento durante el que sucedió su primer ingreso en un psiquiátrico (1991). Le fue diagnosticada una enfermedad mental de nombre impronunciable, un cóctel de esquizofrenia y trastorno bipolar. El desinterés hacia el enfermo problemático, según se escucha en esta confesión, demuestra la preocupación nula hacia el cuidado de la salud mental. Uno de sus psiquiatras, el doctor Miguel Bouza, le permitió salir de su internamiento durante los fines de semanas. Estos bolos le ayudaron a tocar y desahogarse para no pudrirse en la rutina hospitalaria. Lo que siempre tuvo clara fue su vocación por sonidos underground o alternativos. Marginales. La tenacidad en su trayectoria profesional, no cabezonería, le viene de sus raíces aragonesas.

 
Manolo Kabezabolo en soledad  
Un mundo agonizante, entre 'Guernika' y Charlton Heston

El documental combina imágenes y palabras actuales con material de archivo, relatos impulsados por dramatizaciones policiales rompiendo la tranquilidad de un concierto presidido por la música de Manolo Kabezabolo. Su vida como icono subersivo comenzó en los pubs zaragozanos Utopía y Berlín. Sus bolos transcurrían entre el ambiente pijo del primero y el heavy del segundo. Los pocos detalles de la disección musical se compensan con aspectos de la vida personal, marcada por los manifestaciones sicóticas. La revuelta social de los años ochenta del siglo pasado le pilló de lleno, cuando los grises aún desmantelaban manifestaciones juveniles a porrazos. El protagonismo del cojo Manteca y las protestas ante el primer juicio contra insumisos en España contextualizan su vida y valorizan este documento audiovisual. Manolo Kabezabolo (Si todavía te kedan dientes es ke no estuviste ahí) es inquietud social coherente con los tiempos que relata. Las letras de sus canciones se han asentado con los años, alejándose de la rima fácil que hacía del lenguaje poco correcto su expresividad. La rebeldía está magullada por el desgaste que los años y la carretera producen. Este recorrido no descuida el salto a las Américas con una minigira en 2004 por Estados Unidos, Puerto Rico y República Dominicana. The Last tres tour tocó en ciudades como Nueva York, Boston, San Juan, Chicago, Santo Domingo y Rochester. Durante esta experiencia, Manolo Kabezabolo se ganó el apodo del nuevo Bob Dylan por su música desafinada. Su rostro, que muchas veces parece mascullar ‹‹¿por qué me sigues con la cámara?››, se aclimata al sosiego que la veteranía proporciona. Al alrededor de la figura principal surge una caterva de voces bien hablantes sobre ella que lo llenan todo de contenido postizo y demasiado limpio. La estampa de Manolo Kabezabolo se fusiona con planos en kromakey que hacen artística la decadencia. La efigie de Charlton Heston cambia el caballo por la guitarra a la espalda. Su mirada solitaria no vuelve los ojos al pasado, otea el horizonte sin olvidar el pasado. La autosuficiencia pisa fuerte.

J. G.


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