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EL TAXISTA QUE NUNCA COGERÍAS
Película Hamburgo
J. G.
(Madrid,
España)
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Ficha Técnica
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La trata de mujeres es un problema sensible que maneja mucho dinero y muchas vidas humanas se convierten en sus esclavas. El pronunciamiento en contra es unánime aunque podría hacerse más para intentar erradicarlo. El mundo que se mueve alrededor suyo es poco y de eso trata el largometraje de Lino Escalera, una película oscura marcada por latigazos del cine negro que dejan la impronta de un contenido que quiere hacerse un sitio en la sordidez de este mundo, bajo la denuncia, pero no arranca con suficiente fuerza. Para que estas esclavas de la prostitución alcancen una entredicha posición de trabajadoras del sexo necesitan recorrer un camino que conecta el aeropuerto con antros lóbregos donde la actividad no para a través de jornadas laborales continuadas, porque así lo requieren las necesidades de la clientela. El enlace entre un pasado del que se huye y un futuro desconocido es un conductor que no lleva gorra, traje de chófer ni limosina sino un vehículo sencillo y discreto convertido en inicio de su enclaustramiento. El sujeto en cuestión, Germán, también está perdido, y arruinado, aunque para salir adelante decide ponerse del lado del chantaje convertido en negocio. Está en la posición intermedia que se deja usar por los manipuladores y ser la broma de víctimas futuras, con quien existe un vinculo que terminará visibilizándose. Este personaje perdido, marcado por la ruina moral y material, tiene ojos que observan, una boca que no puede denunciar por su involucración en la trama y un corazón que se rebela. El sufrimiento es visible en su aspecto y sus maneras fantasmas, sometidas a la realidad, y engañosas con una madre que adivina algo sin conocer su definición.
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Hamburgo, a parte de ser la historia de mujeres encarceladas, llama la atención por la prisión de un hombre sometido al yugo de la necesidad dirigida por una amistad juvenil. La vida ha hecho que Cacho prosperara como administrativo de clubes de alterne en la Costa del Sol mientras Germán, se ha quedado en taxista sin licencia que, a su manera, mantiene el negocio del proxenetismo femenino.
La eficiencia de la premisa narrativa cojea a la hora de pasar a la acción. La lentitud engorda el fango de lo sucedido con interpretaciones seguras en una elección que apesta a corrupción y prepotencia. El rodillo masculino está representado por una mafia que trata a la mujer como elemento de producción continuada en fábricas de un placer maloliente. Se hace un recorrido por rotondas, de burdel en burdel dentro de polígonos industriales, calles con olor a exhibicionismo mujeril para desfogar testosterona: lugares donde el poder por el territorio desencadena otra pelea que se intuye sin verse. Los clientes blanquean su contribución a que esta ilegalidad funcione en trasteros del ocio apartados de miradas molestas. Más allá de la desgracia fácilmente entendible se encuentra el impacto de más protagonistas como plato fuerte de un menú indigesto. Germán y Alina, cada uno prostituido de manera diferente, se alejan y se acercan entendiendo el sufrimiento desde ópticas diferentes. La coincidencia casual y provocada por su el encuentro tiene ratos de alejamiento y aproximación. Su cercanía fragua momentos que coinciden en la necesidad de escapar. El maltrato y el padecimiento conviven con el narcisismo de Germán que se mantiene junto al autoengaño. El estoicismo de Jaime Lorente mantiene las formas ante la voz aguardentosa de un Roger Casamajor que le da de comer, o la contribución de Antonio Buíl en su papel turbio. |
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La estética visual de Hamburgo, rodada en Super 16 mm, ofrece texturas sucias que reflejan el mundo vivido por Alina, libre entre las sombras de su clandestinidad. La fotografía enmarca una fealdad necesaria para recreara el lodo del entorno. La paleta de colores creada por Juana Jiménez es dura, con la noche como estrella en entornos cerrados y carreteras costeras pone cara a las zonas más deprimidas de la la costa mediterránea de Andalucía Oriental.
Germán no es Travis Bickle de Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976) ni Sonny de Dogday Afternoon, dirigida por Sidney Lumet en 1975, pero siempre quedarán en el recuerdo decisiones equivocadas que buscan, de una manera suicida, encontrar una salida a su perdición. |
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