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LO INSOPORTABLE SE LLAMA WES ANDERSON
Película La trama fenicia
J. G.
(Madrid,
España)
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Ficha Técnica
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La emoción entendida como algo serio está reñida con Wes Anderson o quizás sea el director tejano quien no quiera saber nada con estos elementos. Es lo que se deduce, después del empacho ofrecido en la bacanal estética llamada Asteroid City hablando en códigos de metacine con su sentido del humor particular. Regresa con lo mismo de siempre: el cuidado en la imagen, en el vestuario o los planos vigilados hasta el último píxel, y una locura ausente de la originalidad compañera de la carcajada. Toda una secta que, ahora, manipula para hacérnosla tragar con aires monjiles de predicadora que aprende rápido los vicios carnales.
Sí, acción hay mucha enganchada al tren del movimiento tontorrón: el que se aleja de la dimensión gravitatoria sobre el eje de la armonía, dirigida por la socarronería y lo descabellado que cae en el aburrimiento esperpéntico. No se trata de dividir al público en dos bandos: pro y anti-Wes Anderson sino aportar un poco de luz a la poca refulgencia de un argumento confuso, megalómano como es él. Las connotaciones geográficas e históricas aportan paja a un atadijo fácilmente inflamable por el fuego del pirómano que no desea morir entre pensamientos torturados por la hartura. Tanta gana de marear la perdiz para no decir nada, tanta insoportabilidad de un follón que quiere limpiarse las pulgas con tintes de noticia actual suenan repetitivas. Absurdas por la falta de surrealismo que haga plantearse el significado del cuadro pintado.
El deseo de poder humano, la corrupción arencelaria o las megaproyectos de un magnate convertido en padre de una generación empresarial corrupta no divierte con su historia rocambolesca. El cineasta que coescribió junto a Owen Wilson el guion de su primer cortometraje, (Bottle Rocket), se ha sentado en el trono de la locura menos graciosa y más egocéntrica que enloquecerá a los seguidores poco críticos de su trabajo.
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El potentado Zsa-zsa Korda se rodea de actores conocidos que, prestos a la llamada de Anderson, no han rechazado engrosar la pantalla con más nombre en los créditos que renombre en las imágenes. El desfile de los apellidos cinematográficos cuenta con Willem Dafoe, Tom Hanks, Scarlett Johansson, Benedict Cumberbatch, Charlotte Gainsbourg o Bill Murray como Dios en una exaltación a la presencia del secundario aburrido.
La trama fenicia es una viñeta deslucida que no sabe reírse de sí misma, tampoco plantea moralinas. Estamos ante la reincidencia aplastante de la mecánica andersoniana para justificar que hace algo sin proponer nada. Algo que el entendido debe mirar desde la distancia del humano que no alcanza la genialidad del ente sobrenatural que ha parido este engendro.
Las imágenes se acoplan a la atención del patio de butacas gracias a otra colaboración de Alexandre Desplat, convirtiendo su música en el elemento que engarza los sucesos con su aguante. La chirigota de un argumento despendolado se mezcla con Benicio del Toro jugando a ser niño y hombre mientras expande sus dominios con más ligereza que Ruiz Mateos. La trama fenicia: tan poca cosa que decir más sobre ella sería sobredimensionarla. |
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Texto: www.photomusik.com
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