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UNA COLISIÓN ROBÓTICO-HUMANA ABURRIDA
Película Five Nights at Freddy's 2
J. G.
(Madrid,
España)
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Ficha Técnica
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Las segundas partes tienen en las primeras un apoyo para lo bueno y lo malo. Cuando no hay por dónde agarrar el pescado, llámense bichos con corporeidad de muñeco mecánico y videojuego, es difícil justificar su presencia. El cine transformado en gallina de los huevos de oro hace del final el continuismo de su inestabilidad. El título, como elemento fijador de este éxito, se repite con innovación numérica. La segunda entrega de Emma Tammi es una fantasía convertida en explotación intensiva que busca en lo extensivo su supervivencia. Una fantasmada que ha sobrevivido mal al tiempo, ansiosa de un entierro definitivo sin opción al levantamiento de su tumba. La continuidad no puede resistir una existencia desgastada por el tiempo. La necesidad de realzar el momento macabro con la creación de una fiesta friqui no sintoniza con el relevo generacional. El renacimiento de máquinas con imagen de feria fortalecida en la juventud imparable disfrutando un ocio compartido y adocenado. Los aparatos reaparecen dos años después de los destrozos ocasionados en una ciudad tranquila alimentan el espectro de lo predecible entre movimientos de chatarra que no se da por vencida. El entorno es conocido, falto de innovación y resucitador de viejas glorias. Five Nights at Freddy's 2 es un más de lo mismo sofocante y aburrido.
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Que los amantes de estos autómatas caricatos gocen con sus salvajadas es el derecho de imaginaciones poco frescas. La conversión en asesinos metálicos gracias a un cortocircuito aprovechado por su cerebro diabólico es más ligera que una pluma, menos risible que el cabello despeinado de Chucky. La manipulación humana para despertar la venganza les convierte en herederos de una saga que se aprovecha de su maldad. La relación de Abby con Chica es liviana, casi autista. Se podría haber tocado algo de misticismo en este vínculo, en la desolación compasiva y la frialdad animatrónica. La mitología del videojuego desaparece en un universo superficial. La tensión huye despavorida y el terror desparece como una bola de algodón transparente empujada por un tedio huracanado. La falta de sorpresas que obligan a refugiarse en la butaca apoltrona su entidad nerviosa. El encuentro con la muerte simula cerrar un círculo que no se atreve a finiquitar. El engendro de laboratorio resurge patoso como orquestina de carrusel, efectivo en su diversión tonta. El ritmo del pánico fenece en su mediocridad. Freddy, Bonnie, Chica y Foxy son estatuillas accionadas por un resorte mecánico, decorativas para el interiorismo de feria; juguetes callejeros con corpulencia de cabezudo y andares de Frankenstein patoso. Sus intenciones pueden asustar en el planeamiento, nunca en la ejecución. ¿Se respeta al espectador o se lo maltrata con una vulgaridad sobresaliente? |
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Texto: www.photomusik.com
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