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LAS VOCES DEL SILENCIO

PALABRAS SOLIDARIAS
Histórico

 

¡VIVA LA RADIO!
El protagonismo de la voz también tiene su día

JGS

La libertad se respira en el Día Mundial de la Radio
 

Yo sabía de la radio de galena gracias a mi padre y mi abuelo, electricistas de profesión y corazón. Sus explicaciones, mezcladas con alguna aventura, me enseñaron el alma de un artilugio convertido en filosofía de vida. La fiesta de este aparato se institucionalizó el 13 de febrero de 1946 con su llegada a las Naciones Unidas. La fecha repite anualmente su onomástica con la puntualidad de las señales horarias que marcan la desconexión territorial, las que conceden una pausa al movimiento de la parrilla radiofónica, aquellas que dan paso al sumario noticioso del día en cinco minutos. Todo con una hora menos en Canarias, como comenzó a decir José Antonio Pardellas en la primera etapa de Protagonistas, junto a Luis del Olmo.
Si el 14 de febrero es el día de los enamorados, el cariño a la radio disfruta la fecha romántica con veinticuatro horas de antelación. Su presencia acompaña, entretiene, informa, educa, actúa como sintonía musical, pega la oreja al resultado deportivo que pronosticamos con antelación. La radio es una brisa que abre ventanas a su paso. La radio siempre estará presente en formatos distintos, acomodándose a la actualidad sin perder de vista al pasado y llamando a la puerta de un futuro que, cada vez, se siente menos lejano. Es última hora y poso reflexivo.

El Día Internacional de la Radio sirve para apuntalar una existencia que aseguramos el resto del año. Sin oyentes sería una voz en el desierto de la soledad que nadie escucharía. La radio no sólo está formada por Filomena o coronavirus, incluye personas anónimas que oxigenan su pecera. La radio somos todos: audiencia, técnicos, vigilantes, personal de limpieza, invitados, en una lista infinita ampliable hasta las ideas que van a la papelera y las más exitosas (no siempre las mejores). Gracias por estar ahí.
El ser humano tiene cada vez más importancia en un medio que sostiene la comunicación a través de la palabra y su tono, la palabra y su silencio, la palabra y su emotividad, la palabra y su empatía, el valor de la palabra ante el valor de la imagen aunque Facebook Live haya roto la magia del contacto no visual.

La radio ha aprovechado el viento de los tiempos. La radio ha asimilado la trasformación de las preferencias que demandan agilidad novedosa, se ha esmerado en ofrecer alternativas cercanas a una mentalidad que sintoniza con el cambio tecnológico. La radio es un huracán de libertad expresiva, un juguete de la maquinaria ideológica al servicio de grupos empresariales que adoctrinan en vez de generar crítica. La radio asusta cuando el mensaje se convierte en el ciudadano más peligroso.
Hoy se festeja la vigencia de un espacio que ha sabido entrar en el corazón urbano y rural sin avasallar. La radio también es capaz de alterar la realidad con imaginación desde que Orson Welles emitiera La Guerra de los Mundos.

Los CD y, en proporción veterana, los vinilos de las radiofórmulas analógicas descansan en el baúl del recuerdo tangible. La figura del pinchadiscos se ha tecnificado aunque los puristas sigan apreciando el sonido de la aguja sobre el microsurco de plástico o texturizando la pizarra entre las escalas de Enrico Caruso. La palabra expande su dimensión temporal aliada con internet. Los podcast son una ramificación de las radionovelas, preludio de tantas meriendas saciadas con pan y chocolate. Los discos dedicados, la sección de cartas al director en los programas cinéfilos, los consultorios sentimentales o el rosario de las abuelas han sufrido un ERE injusto. Ritual sobre ritual, complicidad, amistad, imaginación y mucha compañía: la radio. ¡Cuántas veladas envueltas en la cadencia sintáctica de El loco de la colina!
El día de la radio recordamos a Guillermo Marconi, a Nikola Tesla, al segorbino Julio Cervera como pioneros del milagro a través de las ondas. Aunque la radio cambie de nombre, el amor por ella jamás dejará de llamarse amor.

 


JGS

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