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CINE Y ESPECTÁCULOS
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TRAMPA SENTIMENTAL FANTASIOSA
Película "Tully"


J. G.
(Madrid, España)

Tully
  Ficha Técnica Video
Jason Reitman es sinónimo de garantía pero, bien es sabido que como humano, todo director tiene altos, bajos y momentos intermedios en su carrera: de ahí se desprende su genialidad y cercanía. Tully acoge la esencia del drama humano y la capacidad de generar el entretenimiento necesario para no dormirnos ni hacer que salgamos del cine con una complacencia paradisíaca. Reitman se ajusta a los cánones de la realidad dentro de una historia que mezcla fantasía y cotidianidad en un entorno que a nadie resulta extraño. El carácter engañoso de la cinta la convierte en arma de doble filo. Esta diseñada para entrar a destajo en el corazón gracias a la estampa positiva de Tully (Mackenzie Davis) como personaje que sabe actuar en su papel de hada moderna. Su aparición mágica, envuelta en papel brillante, funciona como un regalo que sirve de aire fresco a Marlo (Charlize Theron), enclaustrada en su maternidad y compañera de un hombre fantasmagórico tan lerdo como neandertal en las relaciones de pareja. Y por aquí viene el alegato feminista con que algunos intentan adjetivar a la película Tully. Su corrección formal cumple las expectativas de una guión destinado a envolver sensibilidades que no paran en la reflexión; entra por los ojos con chispas de magia en forma de sirena psicodélica.
 
Marlo (Charlize Theron) junto a su hijo Jonah (el debutante Asher Miles Fallica), un niño con una disfunción neurológica  
Mackenzie Davis interpreta a Tully
Charlize Theron, tras consolidar su valía impactante en Young Adult, vuelve a unir fuerzas con Jason Reitman. Da impulso realista a esta fábula social irregular. El trabajo de la actriz sudafricana, de nuevo, es imponente. Su versatilidad ha quedado demostrada con el papel de madre, mujer y ser humano devorado por el yugo casero. Personifica a la familia como carga social, rinde amor bondadoso a un marido sordo, ciego y entontecido por juguetes electrónicos alienantes. Su potencia interpretativa convierte el guión simple de Diablo Cody en pieza interesante. Es el paradigma del compromiso y subyugación domésticas, de mujer chapada a la antigua que vive entre los gritos autistas del hijo y las lagunas mentales del marido. Alguien que no conoce (¿o no quiere conocer?) el término conciliación familiar; alguien culpable de reaccionar ante una injusticia palpable. Aguanta el cansancio que toda preñez acarrea con el tiempo, es vapuleada por el entorno más cercano sin mirarse al espejo ni acariciar la profundidad de su alma. Su vida hogareña es un episodio trabado: hasta la aparición del hermano como elemento salvador de esta monotonía es comicidad estridente que rechina con descaro.
Marlo embarazada  
Marlo y su marido Drew (Ron Livingston)

El surgimiento de Tully es un regalo poco creíble. Su presencia se vuelve menos verosímil mientras busca encender un mundo apagado. Marlo sólo entiende de una responsabilidad personalista en la maternidad conservadora. Gracias a Tully, renace de su agotamiento y el espectador se fatiga por su manifestación a caballo entre lo terrenal y mágico. Este duende humano, propio de Guillermo del Toro, es tan vaporoso como prescindible aunque se haga necesario en su tarea benefactora. Tully y Marlo son dos mundos opuestos que alcanzan sinergias en una película que invita a su aceptación con recelos. En medio de este cosmos femenino, se encuentra un cónyuge inmaduro necesario para la crítica social de Tully, superfluo en la vida del largometraje. La música de Cyndi Lauper en secuencias rápidas pero explicativas describe momentos interesantes y reveladores; construye un final artificioso con moraleja empalagosa. Tully es ociosamente correcta, sin maravillar; busca el contento general y sólo atrapa con moderación a un parte del público.

J. G.


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