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LOS OTROS NIÑOS DE LA GUERRA
Película Monos
J. G.
(Madrid,
España)
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Ficha Técnica |
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El altiplano andino es un mundo aparte tan cerca del cielo como de la tierra; un ecosistema que permite la convivencia entre el hombre y la Naturaleza sin preocuparse del tiempo. La niebla de este paraje amplifica una soledad creciente hasta alcanzar el clímax de la desesperación. La inocencia resplandece sin que la vida plantee códigos de subsistencia difícil. Todo es idílico en Monos hasta que la autoridad de un jefe adulto controla las vidas de chavales felices. Su enanismo se ha escapado del mundo de Fellini para ahogar cualquier resquicio de intimidad y mantener vivo el espíritu patriótico. La aparición de este caudillo, elemento conductor de la revolución, se acopla entre adolescentes tratados como marionetas de las FARC. La responsabilidad de proteger a un rehén secuestrado se equipara a la de custodiar un animal prestado para la causa, presumiblemente por el pueblo.
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La juventud protagónica es elegida para una gloria decadente en el conflicto armado en Colombia. Los rostros imberbes llevan una carga dramática caricaturizada por nombres pintorescos ( Rambo, Lobo, Pitufo, Perro, Patagrande, Bum Bum, Leide o Sueca) junto a la vaca Shakira cuyo destino recuerda Apocalypsis Now. Estos inquilinos de la nada participan de una contienda que ni les va ni les viene. La sinrazón les obliga a seguir reglas estrictas como pedir permiso para emparejarse mientras se les da la libertad de acusar al compañero que no cumple con las normas del grupo. Por mucho fusil de asalto que lleven, y balazos al aire que disparen, no dejan de ser personas con un sentido inocente de la vida. |
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Después de que Alejandro Landes hiciera un retrato árido de la soledad con Porfirio, la desesperación abarca la pantalla con voracidad selvática. La frescura de los localizaciones, convertidas en escondite y trampa, choca con el sudor de la demencia bélica. El silencio que impera en el Páramo de Chingaza, a cuatro mil metros de altura, el Río Samaná y las montañas circundantes, cambia por excursiones patrulleras al estilo de Platoon. El entendimiento se hace hostil. Su película más reciente transcurre despiadada entre recreo pubescente y una crueldad nacida a culatazos. La hombría se celebra con el ritual del apaleamiento en el quinceavo cumpleaños. El nerviosismo de sentirse acosados aumenta la parálisis mental, el abandono del mando potencia la locura. La pureza cae en las garras de la personalidad desdoblada e irracional. |
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Más que cine surrealista, Monos es realismo incómodo con una violencia interior que supera la externa; orfebrería sin tallar plagada de aristas incisivas. Toca el individualismo, la naturalidad, la justificación del secuestro por ideales, la traición, la transformación de unos críos en semidioses, el olimpo frágil de la guerrilla. Los límites al valor y el miedo enseñan músculo desamparados en un ambiente onírico inestable. La protección de un secuestrado, usado como reclamo, descuida la de chicos perdidos. La valentía mentirosa erosiona la personalidad de jovenzuelos empujados al combate hasta perder el seso. |
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