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¿OBSESIÓN DE MADRE?
Película Reposo absoluto
J. G.
(Madrid,
España)
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Ficha Técnica |
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Los relatos centrados en mansiones a reformar, camufladas por la soledad boscosa, son sospechosos de rutina. Su inauguración coincide con el inicio de un proyecto de vida nuevo, ilusionado entre tuberías que reparar y sucesos inesperados. Lo que debía ser una convivencia tranquila, para seguir la continuidad argumental, se torna en inquietud movida por apariciones de habitantes antiguos que hacen del entorno un caserón marcado por la alarma reiterativa. El sosiego resaltado intencionadamente por el título no es nada tenebroso ni relajante, algo inocente, hilado con seguridad ajena a lo incómodo. Las luces imaginativas no embellecen un ambiente acechado por el pasado trágico. La cineasta neoyorquina Lori Evans Taylor se encarga de revivirlo con un presente capaz de hacer perder los nervios a un marido bienintencionado mientras aterroriza a una esposa embarazada, perseguida por la insistencia de una imagen transformada en obsesión: el reflejo del hijo que perdió. El lío familiar se complica con la importancia del recuerdo maternal y el descubrimiento de un momento dramático para quienes ocuparon la mansión anteriormente. |
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La fenómeno espectral será el personaje principal que precipite los acontecimientos, y obligue, nunca mejor dicho, a que el reposo obligatorio sea la mazmorra del hogar de Julie. A partir de entonces, la dependencia de una cuidadora alimenta la sospecha sobre el que la trama terroríficamente aburrida se cebará. El aroma de La Semilla del Diablo, El orfanato o Los otros se respira como una exhalación anecdótica. En defensa de Reposo absoluto debe destacarse una fotografía en consonancia con la narración envuelta en misterio, centrada en la inseguridad y desconfianza transmitidas. El mobiliario se mueve entre lo desvencijado de una mansión a arreglar y estancias que parecen un piso reformado, donde las puertas se abren mágicamente y los ruidos se cuelan por estancias de manera anárquica. Los estereotipos que normalmente abren la puerta al sobresalto, como pelotas de pimpón saliendo debajo de la cama, ayudan a la afirmación del miedo falso, experimentado por actores sujetos al guion pobre. |
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El pánico de una mujer desvalida frente al rostro del arrebato define una segunda parte. El terror sicológico quiere ganar adeptos sin alcanzar suscriptores. Las piezas comienzan a encajar en un rompecabezas que ilustrará una verdad escondida. Su ocultación para alcanzar la felicidad es descubierta con dolor. El potaje termina su cocimiento con la lucha extracorpórea entre dos madres coraje por el hijo que la vida les ha arrebatado. La consolidación de la cuidadora como figura angelical de representación mística pone la guinda del pastel sobre una coyuntura que, lejos de asustar, enfría al espectador más glacial. Por lo menos, la ruptura de la familia feliz durante la gestación hace del proceso una cuenta atrás de pesadilla. Nos quedamos con la duda de conocer si todo ha estado en la cabeza de Julie o si la casa nueva se encontraba embrujada. |
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