“Cathia tiene el mejor culo de Europa.” Con esta frase comienza la novela “A tres metros sobre el cielo”. El logo que publicita la segunda película de Fernando González Molina como director acerca a la mente la imagen de “Speed” o una nueva entrega de Tom Cruise intergaláctico. Se frunce el ceño en interrogante rugosa. La literatura de Federico Moccia es apetecible para llevarla a la gran pantalla, por su frescura argumental y cercanía social. Moccia es un reconocido escritor apostado en el trono del best-seller juvenil, de pluma ágil y actual.
Su primera novela fue un éxito de ventas. La comercialidad del producto escrito es cualitativa, sus ventas se zambullen en lo cuantitativo. Las miradas en “3 metros sobre el cielo” escupen arrogancia y el beso se pierde en una adolescencia carnívora y posesiva. |
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Siguiendo el argumento del escritor romano, un toque de actualidad recorre la epidermis de los personajes sin más pretensión que la risa callejera y el suspiro femenino. |
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González Molina se aprovecha del argumento original para esculpir imágenes nocturnas disipadas en la velocidad y el ruido videográficos. La fotografía de Daniel Aranyó imprime estilo a lo inerte; persiste la nocturnidad jaleosa y abrasiva. Quiere aparecer la sombra sospechosa de “Salvaje”, la estela motera y macarra de “Streets Of Fire”.
Amante de la velocidad y la hombría, la actuación de Mario Casas (Hache) cumple su papel, fornido y crecido en la chulería viril. La imagen de tipo duro es su dni falsificado; el flechazo: un vigilante fantasma.
Jinete de gran cilindrada, la masculinidad de Hache circula veloz entre la bruma noctívaga del riesgo inseguro. El mundo pasa a gran velocidad ante sus ojos. La fragilidad pija de Babi, niña Maria Valverde, cumple como semáforo rojo y aceleración.
Ciento veinte minutos de impulsividad juvenil es demasiado tiempo ante la butaca para tan poco argumento. “3MSC” es conquista repetida, abreviatura zángana de lo innombrable; paseante motorizado junto a un precipicio oscuro. La historia de un Romeo y Julieta actualizada con olor a carburante y sabor a adrenalina guaperas. |
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“3MSC” se guarda lo elogiable en segundo plano: Jordi Bosch. Su personaje, Claudio, es reflejo de deseos no madurados; proteccionista y comprensivo.
La banda sonora que lidera la voz de Cecilia Klum salva a esta película, de ambiente juvenil, del rapeado y la estética americanas, modernizando la imagen del macho hispánico. “3MSC” se pierde en la lágrima adolescente desgastada por la distancia entre el corazón y el asfalto: una línea invisible de tres metros. |
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