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CINE Y ESPECTÁCULOS
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DIARIO DE UNA MUJER EMBARAZADA
Película
"Un feliz acontecimiento"


J. G.
(Madrid, España)

Un feliz acontecimiento
Ficha Técnica Video Comentarios director y artistas
 
Comentarios Remi - Louise Remi - Josaine Balasko
La comedia no está reñida con el drama, son dos géneros que bien complementados forman una pareja excelente. Rémi Bezançon dirige esta mezcla explosiva de magia y realismo. La ilusión de una vida por venir cohabita con los cambios agobiantes que semejante acontecimiento origina entre sus protagonistas. Una fuerza independiente conduce las escenas. Barbara y Nicolas son dos seres que caen en el juego del amor y la conquista: un juego de señales entre nombres de película que esconden el mensaje universal de me gustas, ¿te gusto? Este coqueteo entre roles amatorios finaliza con su culminación seductora originada a primera vista. Un flechazo de videoclub donde las películas ponen el trasfondo a esta declaración particular. Nicolas se apellida conquistador, y Barbara, encanto. La unión hombre-mujer es un criterio selectivo rodeado de observación y, lo más importante: perseverancia.
 
Louise Bourgoin es Barbara Dray  
Barbara frente a Nicolas (Pio Marmaï)
La maternidad descrita sin tabúes mantiene viva esta película. Es una obra desmitificadora de la gestación para adentrarse en la lucha contra el dolor que soporta la mujer. Vivencias marcadas por la incomprensión social. El hombre actúan como simple aditamento que ha contribuido a crear una vida con la fuerza de su esperma. La maternidad implica cambios femeninos en su físico y psicología. ¿Los comprendemos? Nos han educado en un entorno social donde la maternidad es un todo bendito: belleza, vida, hermosura, regocijo. Parémonos a reflexionar, miremos al rededor y opinemos. “Un feliz acontecimiento” se adentra en la mujer embarazada para diseccionarla desde lo más íntimo hasta lo más externo. El cambio corporal implica una trasformación en su manera de pensar y cómo es vista por la sociedad. Mientras que en Nicolas la vida cambia en poco, Barbara, a partir de ahora, adquiere una mayor responsabilidad en sus actos. Todo estará marcado por el ser que lleva dentro. Piensa por dos, tiene que alimentarse para sostener dos vidas; llora, se asusta, necesita cariño, busca protección y desconoce lo que se le viene encima. El embarazo no es una experiencia tan maravillosa como nos cuentan en las revistas especializadas o sale de algunas bocas doctrinales. El embarazo supone un constante calvario, una mutación fisiológica y mental.
Un feliz acontecimiento  
Nicolas
Nicolas observa este comportamiento cuasi ajeno al significado. No se molesta en comprender los cambios anímicos de su compañera. Ni tan siquiera actúa como botiquín de urgencia. Su despreocupación esconde inmadurez, sólo se emociona frente a una tripa gorda erupta pataditas. Es un pelele de este matrimonio, indeciso; a veces parece no sentir cariño por su esposa. De ahí lo de pelele. Barbara ha de luchar contra los miedos que le provoca lo que lleva en sus entrañas y los temores ocasionados por las opiniones externas, casi siempre doctas en la materia. Su sapiencia se aleja de la comprensión. Nos han vendido el embarazo como un mundo de ensoñación, lleno de colores y artilugios que inspiran ternura. No es así, y esta negación queda patente en “Un feliz acontecimiento”: un diario repleto de intimismo y exclusión.
Josiane Balasko como Claire, madre de Barbara  
Madre e hija
El trabajo de los dos actores principales rezuma excelencia. Sin abandonar lo cómico, conjugan esa tónica con el olor a bilis del vómito cecano; cualquier mujer que haya estado embarazada sabe de que hablo. Son experiencias muy internas, muy fuertes y, ¿por qué no decirlo?: muy obsesivas. Hacemos nuestro el dolor que proporciona una contracción. Es hora que se demitifique la imagen cremosa del embarazo diciendo que son nueve mese de suplicio constante y creciente para la mujer. Sinceridad que el público inteligente y solidario agradecerá. La película de Rémi Bezançon es vida. El nacimiento de un ser significa vomitarlo, quitarse un peso de encima, materializar la responsabilidad gestante. El concepto maternal de hijo adquiere una dimensión humana. Se fragua una relación madre-hijo espacial, sólo entendible entre ellos dos; nace el mundo de la gestualidad amorosa. Se produce un distanciamiento paulatino entre la pareja. El hombre no deja de comportarse como macho; lo que antes era cariño se convierte en una batalla de culpas. Existe necesidad de afecto frente al egoísmo. Con la madre de Barbara sucede, dentro de esta separación, un fenómeno opuesto. Los reproches constantes de su hija se convierten en llamada de ayuda. A pesar del carácter inicial, es la única persona que se muestra comprensiva y en quien encuentra el apoyo que ahora necesita. Entre ambas se fragua una amistad que permanecía muerta. La reconciliación familiar, también con su padre (aunque sea en la distancia), va dando fruto.
Matrimonio roto  
Un feliz acontecimiento

La ruptura hace madurar a Barbara, sentirse más segura mientras que Nicolas aprenderá a ser padre ocupacional. Ella vive un proceso que le obliga a salir del caparazón de cuidadora maternal. Amarse también es dedicar un poco de tiempo a uno mismo. La estabilidad emocional se consigue gracias a ese paso y goza de una amor más pleno hacia su hijo. Es imposible recuperar el tiempo pretérito porque su paso lo borra. Las madres poseen la cualidad de olvidar el malestar sufrido cuando tienen al ser que han alumbrado entre sus manos. Entonces, el dolor del parto se convierte en un feliz acontecimiento.

J. G.


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