El exhibicionismo culturista es la tapadera de un drama interno con proporciones ingobernables. El peso del bíceps fornido está por encima del cerebral cuando alguien, cegado por el egoísmo frustrado, decide retocar un pasado irrecuperable. El conflicto por alcanzar la fama choca con una vida pretérita. El dueto protagónico comparte una meta vista bajo prismas diferentes, gobernada por el trabajo duro donde las aspiraciones femeninas pierden ante la obsesión ganadora de un hombre centrado en el egocentrismo profesional. Un entrenador pedregoso interpretado por
Peter Mullan quiere hacer suyos los triunfos de su protegida mientras se mantiene firme en el objetivo, alcanzable a costa de otra persona. La inocencia infantil tambalea la fortaleza de una mujer hierática, sonriente por obligación ante jurados y cámaras fotográficas. La incomodidad sentimental desenmascara flacidez interior, acompaña a una contextura destinada a satisfacer propósitos materiales, vestida con el nombre artístico de Léa Pearl entre neones o 474 en la lista de aspirantes. El dolor provocado por un pretérito embarazoso supera al producido por sacrificios que deben mantener la masa corporal a punto. La frialdad como deportista se intuye desde el inicio de
Pearl en su rostro. Las sombras de otros tiempos asaltan la consistencia de una
perla que debe compaginar la tonificación de su caparazón con el dilema entre quién es y lo que quiere ser. Al sigue enrocado en que ella le va a devolver la luz del estrellato. La juventud arrugada de Serena se cruza en el camino transitado por Ben, expareja de Lea que reclama un favor momentáneo e interesado o Scott, el patrocinador ordinario en busca de carne joven para su negocio.