Es sabido por todos que el fútbol levanta pasiones. La forma en que ¡Va por nosotras! aborda un deporte tan macho es una de las sorpresas que alberga esta comedia. Aunque raye lo convencional, la forma de presentar situaciones que no están interesadas en el chiste fácil se aleja del estereotipo deportivo y feminista. A los hombres les gusta reunirse en el bar para recordar los viejos tiempos unidos por el balompié y convertirlo en una discoteca popular improvisada. Cuando los espectadores son protagonistas del acontecimiento y comprueban que pertenecen a una saga de ganadores futboleros, la hombría se sube por las paredes. Sus mujercitas, como buenos animales de compañía, comparten triunfos y ríen gestas juveniles. Esto sí que es un tópico usado como motor para arrancar el vendaval que se vienen encima sobre la localidad de Clourrières.
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El deporte limpio se aparta unos segundos del césped y recibe su recompensa. La confusión se lía a mamporros con bravuconería patosa que conduce a la tarjeta roja para los locales. No es necesario demostrar que la mujer es mejor que el hombre aunque los patrones masculinos siguen marginando una presencia que no debería asustar ni extrañar. Todo es cuestión de civismo y tolerancia. Ni una cosa ni otra sobra a un equipo en el que la testosterona cómica ruge a golpes de prejuicios vetustos. La sagacidad femenina se adelanta al drama del hombre derrotado que disfruta llorando su desgracia en vez de remediar el problema. ¿Por qué las mujeres no van a sustituirlos en el equipo de fútbol local? Los conflictos y complejos masculinos de marido desbordado por la responsabilidad nueva se enfrentan a sus propios miedos. La creación de un once femenino es el momento para romper tabúes y demostrar capacidades escondidas. |
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Los papeles en el hogar y la pareja se cambian: la cocina, la cesta de la compra o el paseo de los niños al parque dejan de ser territorio mujeril. El significado de la palabra pareja se clarifica. La conciliación familiar es, más que un mercadeo político, una necesidad para que la valía femenina deje de cuestionarse. La contribución al sostenimiento del equipo local, vinculadas por algo más que el lazo matrimonial, hiere la dignidad masculina inconsistente.
La acción no concede un momento de respiro en la sencillez de un argumento liviano pero resultón. Los teoremas filosóficos en la cuestión de género romperían la frescura de una proximidad agradable. |
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La cuarta película de Mohamed Hamidi reafirma la huella de un director ágil y cercano que demostró su empatía fácil con Bienvenidos al barrio. La reunión de un elenco reconocido aporta fiabilidad desde el entrenador ecuánime en la figura de Kad Merad; Laure Calamy (Nueve meses de condena) haciendo de esposa abnegada que un día da un portazo a su matrimonio; Céline Sallette como capitana impulsiva, el fichaje de Sabrina Ouazani o la inocencia del personaje que interpreta Alban Ivanov. ¡Va por nosotras! quita hierro al enfrentamiento de sexos con una carcajada. |
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