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CINE Y ESPECTÁCULOS
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EL PROTAGONISMO ANTIPÁTICO
DE UNA MATERNIDAD FORZOSA
Película La maternal


J. G.
(Madrid, España)

La maternal
Ficha Técnica Video    
El arranque sorprendente es una chispa de vida que se diluye con prontitud sobre una obra irregular. Su visión del momento ofrece, entre risas y alcohol, un paisaje de irresponsabilidad que confunde diversión con vandalismo. Así son Carla y Efraín, dos chavales arrastrados por la misma ola de agilidad destructora. La presencia del muchacho flota con la fragilidad que se esfuma. La elipsis se camufla en la metáfora sutil que proporciona gemidos pornográficos bajo el contexto de red social. La misma que ahorra el trago de participar en un parto doloroso. Lo que comenzó como una gamberrada entre amigos termina siendo una bofetada a la puericia que no está preparada para enfrentarse a la adultez física ni mental. Las ganas de sentirse mayor avasallan la propiedad privada mientras una valentía falsa atrapa su vulnerabilidad.
El exterior de Carla es un volcán de fiereza impulsiva en su medio natural: la infancia. Mantiene esa furia con golpes desorientados en un interior sostenido por el carpe diem irresponsable. Cuando las chiquilladas pasan factura se cae en la cuenta del error cometido. El planteamiento que tiene visos de convertirse en torrente emocional se queda en anecdotario de experiencias juveniles marcadas por el horror y el abuso sexual. El aterrizaje de Carla en un centro de acogida para menores presenta un círculo familiar nuevo donde la comunicación comparte experiencias. El relato de adolescentes que deberían preocuparse por juegos de seducción o estudios universitarios, en vez de ser madres obligadas, es duro y creíble, actúa como catarsis para cerrar un a herida de huella imborrable. Forma el subsuelo de un hogar donde esperanza y miedos se miran a la cara cada día. Sus testimonios resumidos amplifican la bestialidad machista del violador que se convierte en maltratador. El resto es una sucesión de encontronazos que rellenan la tragedia. El atropello sexual contra ellas y la maternidad no deseada son heridas de guerra inseparables de su madurez.
 
Carla se despierta de ¿una pesadilla? en la casa de acogida para menores  
El grupo de chicas protagonistas divirtiéndose

La maternal es un muestrario de sensaciones dispares ante la tarea de ser madre sin esperarlo. La mirada recelosa de Carla busca luz mientras ignora la necesidad de aceptar su responsabilidad nueva. Su violencia es acelerada, superior a su edad, con un alma atemorizada por el odio. Su singularidad no acepta la condición precoz de niña preñada para lanzarse al abismo de la despreocupación pre y posmaternal. Su cuerpo diminuto está cubierto con piel infantil, sin ganas de evolucionar, a pesar de que sus responsabilidades crecen hasta ser madre. A pesar de que las personas sean los mimbres para crear una trama interesante, el escenario humano no atrapa.

Carla junto a su madre (Ángela Cervantes)  
¿A qué precio ha madurado Carla?

La cámara es el ojo que abre mundos nuevos sin aportar descubrimientos a su mirada. La ficción se mezcla con el documentalismo sin que ninguno imponga su fuerza ilustrativa. Las ilusiones y amarguras generadas por una maternidad prematura conducen una película que alcanza la cúspide con rapidez y no hace nada para progresar en su escalada dramática. La música transita entre la comercialidad de Estopa con la que los diálogos juegan haciendo bromas púberes. No puede competir con ese eco a gueto de soledad familiar o bar de carretera, regentado por una madre soltera joven, en el que Carla pasó su infancia. Este silencio invasor encoge corazones. Pilar Palomero destaca el peso de la inmadurez individual dentro de un contexto atacado que, con ayuda, ha conseguido levantarse. La cineasta maña, en su tercer largometraje como directora, juega con alegorías que brinda una tarde en los coches de choque como vida accidentada que no mata. La acción trascurre insulsa, donde la rebeldía ni se destruye ni se trasforma sino que permanece. No profundiza en la maternidad como un proceso cambiante para el cuerpo y cerebro femeninos. Se centra en la indocilidad que no acepta su destino.
El trabajo de los cuidadores es cercano en las tareas profesionales, distante en su sentimiento. La natalidad, para Carla, es la antítesis de la energía, una ansiedad que resta espacio a sus ganas de vivir la vida loca. El resto de compañeras la soportan y ayudan hasta que sus llamadas se distancian de la solidaridad. La disciplina narrativa resta frescura a un inicio explosivo con final de moralina tan facilón como buenista.

J. G.


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