El viaje que proponen los argelinos Imarhan recorre paisajes tan oníricos como reales en los que el olor y sabor del desierto forman parte de un organismo vivo. Durante su primera visita a España, y esperando que no sea la última, el sexteto liderado por Iyad Moussa Ben Abderahmane (conocido como Sadam) despertó la pasión por lo étnico en pleno centro de Madrid. Herederos de la tradición tuareg de Mdou Moctar, Imarhan hacen de su música una explosión de colorido sonoro en la que resulta difícil no implicarse. Nada más escuchar los primeros acordes de “Assossamagh”, una fuerza interna desata las pasiones de una melodía que combina con gusto el jazz y la psicodelia. Temas como “Tahabort” se convirtieron en trance explosivo tan comercial como identificativo.
Una de sus características reside en la fortaleza de las raíces étnicas que dimanan de su música. Dicha fuerza llamó la atención del sello alemán City Slang, firma con la que han grabado su primer disco. La casa de Arcade Fire, Nada Surf, Calexico, Lambchop o Tindersticks, entre otros, les ha abierto la puerta al mercado europeo e internacional.
Imarhan no sólo es grande en su tierra (Argelia). Su música pisa fuerte gracias a canciones transmisoras de una fuerza palpitante y espíritu indomable, autóctono, rebosante de cánticos que invitan a cerrar los ojos y convertirse en ciudadano transfronterizo, a fundirse con la flexibilidad de un sonido hipnótico, particular y embriagador: lleno de luz. Su acústica eléctrica está cargada de simpatía. Nos transporta a las desérticas tierras subsaharianas, a los campos de refugiados donde el canto se convierte en medicina, a las jaimas, a lo inhóspito y lo salvaje del desierto africano y los cuentos de tradición oral narrados en el frescor de un oasis mágico. Las guitarras se apoderan de esta escenificación tribal, rica en formas, notas y energía. La diversidad instrumental proporciona un abanico de texturas melódicas irreemplazable, poderoso. Las cuerdas acompañan a la percusión en una solfa de identidad beréber.
El ritmo estimulante despertó las ganas de bailar entre el publico, fundiéndose con el carácter orgánico de la danza: otro elemento característico de sus canciones. Poseen un compás discotequero en busca del éxtasis mental dentro de un equilibrio festivo, superando lo visceral. Son cantos de la tierra que el público, en su dinámica desinhibida, fue agradeciendo hasta hacerlas propias. Para que luego digan que en África sólo hay camellos.